Roar your terrible roars and gnash your terrible teeth and roll your terrible eyes and show your terrible claws! And please don't go I'll eat you up, I love you so.

20120823

Me acordé


“Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.”
César Vallejo

Y después de todo este tiempo nos volvimos a ver. ¿Cómo explicarle? No quería besarme, pero me abrazaba. Te amo, me dijo. ¿Cómo iba a explicarle? Sus labios son firmes y estaban húmedos. No quería besarme pero logré rozar su boca con la mía un par de segundos hasta que volteó la cabeza. Vi sus labios rosas. Sus ojos rasgados. Su mirada felina. Pensé en su sexo. Sus labios firmes y húmedos. Recordé su sexo. Rosado también, húmedo también, húmedo siempre, igual que sus muslos, parecía que chorreaba, siempre. ¿Cómo explicarle que el amor y el deseo no son lo mismo? Te amo, me dijo, y yo no supe qué responder. Tuve una erección. Me pasa cuando me quedo sin palabras y cuando respiro un perfume que me subyuga. Su olor corporal es de una higrometría áspera. Deja limo en la garganta. Miré sus pómulos y pensé en el arco de su espalda, en lo dorado de los vellitos que se le erizaban a contraluz. Su cabello negrísimo como el abismo y el contraste con su piel casi transparente, con pinceladas rojas en su sexo, pezones y labios. Me dijo que me seguía amando, después de todo este tiempo y a pesar de todo lo que había pasado; y no supe qué decir. ¿Cómo iba a explicarle que bajo mi pantalón algo me estaba matando, que con toda su fuerza mi corazón latía ahí? Su mirada felina. Sus ojos rasgados. No quería que la besara, pero me abrazaba. Sentí la presión en mi pecho. Sus senos que mis palmas nunca pudieron abarcar del todo. Prefiero los senos pequeños, y aunque los suyos no lo eran, lucían perfectos. ¿Cómo explicarle que el amor y el deseo no son lo mismo? ¿Cómo decirle que la pasión y la atracción no son iguales? Y es que buscábamos cosas diferentes. Ella podía complacerme fácilmente, yo nunca pude darle lo que ella ansiaba. Sabía bien que ya no la vería en mucho tiempo. Respiré hondo, codicioso de su perfume. Quería que me llenara los pulmones dejando su sedimento ahí para siempre. Di medio paso hacia atrás para que ella no sintiera el secreto que yo guardaba, que me palpitaba, que amenazaba estallarme ahí abajo. Me dijo que me amaba. No respondí y supe que esa sería mi sentencia de muerte. Di otra inhalación abismal. Su cabello grueso. Sentí los rizos en mi mejilla. ¿Cómo iba a explicarle? Sabía que ya no iba a contestar mis llamadas. Eres un cabroncito, me dijo. Yo no tuve palabras. Me conoce, sabe leerme. ¿Por qué no quieres besarme? le pregunté después de un rato. Si hubiera podido besarla una sola vez habríamos cruzado la línea, sé lo que un sólo beso es capaz de hacerle. Porque mi voluntad es débil, contestó. Con toda la paradoja del mundo supe que no iba a cambiar de opinión. Ya no había nada qué explicarle, lo sabía todo. Puede leerme, me conoce. No iba a cambiar de opinión. Eres un maldito cabroncito, sé que lo pensó de nuevo. La conozco. Hay tanta belleza en el mundo, tanta que no la aguanto. Aspiré hondo. Pensé en su sexo. Sentí nostalgia. Y no tuve más palabras. 



1 comentario:

Laire Rebdan dijo...

Me hiciste llorar. Es hermoso. Tiene toda la crueldad de la seducción.