Roar your terrible roars and gnash your terrible teeth and roll your terrible eyes and show your terrible claws! And please don't go I'll eat you up, I love you so.

20100610

Los Pixies y mis memorias púberes





Hoy me he enterado de que vienen los Pixies. Desde hace años babeo con la idea de verlos en vivo, lo que estuvo muy cerca de ocurrir en el 2004, cuando se había anunciado, al igual que esta vez, que vendrían en el mes de octubre. Cancelaron. Pero ese año vino The Cure, así que la decepción se convirtió en una nueva alegría.
        Escuché por primera vez a los Pixies cuando cursaba la secundaria, tenía exactamente 12 años y odiaba la escuela, porque era una pocilga de barrio bajo infestada de pequeños proto-delincuentes. Los Pixies no fueron los primeros; antes de ellos Nirvana había sacudido y transformado mis neuronas prepúberes con los gritos crudos y afligidos de un Kurt Cobain que descubría apenas con un entusiasmo que no sentía desde mi afición a los dinosaurios a eso de los 6 años, por ahí de 1994, el año en que murió Cobain. Me llegó la explosión grunge otros seis años después de su muerte, por entonces ya nadie la recordaba, el revival de la generación X ocurrió algún tiempo después. 
        Comencé a coleccionar camisas de franela y compraba jeans rotos en los tianguis del domingo, a la par que sufría sacrificios monetarios para hacerme de los discos más representativos de la ola. Primero fue la discografía completa de Nirvana, excepto el Incesticide, que estaba absolutamente agotado por entonces. A lo que siguió las demás bandas del periodo, Pearl Jam y Soundgarden primero; Melvins, Alice in Chains y Mudhoney después; y con más sacrificio pues eran muy muy escasos las bandas menos afamadas como Dinosaur Jr, Butthole Surfers o Bikini Kill. Obviamente no podían faltar en mi colección -que crecía cada semana muy a pesar del dinero para almuerzo del recreo que retenía ascéticamente- las otras bandas emblemáticas que aunque no formaron propiamente parte del movimiento fueron indispensables para él: Sonic youth, Jesus and Mary Chain y, por supuesto, Pixies. 
        Aunque Nirvana siempre será la banda más representativa de mi temprana adolescencia, hay tres momentos importantes de mi vida que están en relación directa con alguno de los temas de la agrupación de Frank Black. El primero fue en el 2002, tenía trece años y aún estudiaba en esa escuela endemoniada, Secundaria Técnica 106; el colegio de los simplones, vulgares y  viciosos vástagos de los habitantes de una de las colonias más conflictivas de Iztapalapa. Ahí pequeños crímenes eran comunes e incluso normales. Palizas diarias, consumo de marihuana y “chochos”, sexo incipiente y torpe en los baños y rincones oscuros. Yo era quizá el más joven de mis compañeros; el turno era vespertino y todos eran uno o dos años mayores a la edad que deberían tener para el grado que cursaban, yo era un año menor. Gran parte de ellos estaban influenciados por la vida de pandillas, consumían mariguana con descaro y orgullo, pues lo consideraban un símbolo de hombría y prueba de un extraño sentido de madurez. A mí, hijo de una familia decente, me habían advertido sobre “el peligro de las drogas”; sin embargo mi admiración por esa música prohibida y extraña por la que la mayoría de mis conocidos sentían repulsión, y por sus toxicómanos ejecutores poco a poco hizo brotar un pequeño retoño de curiosidad que culminó en mi férrea decisión de probar la hierba. Elegí un día simbólico, 5 de abril, aniversario número 8 de la muerte de Cobain. Me acompañaban en ese día luctuoso mi mejor amigo Vladimir -única persona con quien compartí aficiones y aflicciones de manera total, hasta que embarazó su novia en turno y tuvo que convertirse en un padre de familia responsable y cuasi-cristiano-, “el oso”, compañero que compartía nuestro amor por Nirvana, sólo que le gustaba más el ska; y otros dos sujetos que asistieron a la reunión sólo para quemar. El oso tocaba en su flamante guitarra, una Epiphone Les Paul, melodías a medias, intros y riffs destartalados de canciones de Nirvana, paró cuando comenzó a circular el hitter. Vladimir accionó el play en una grabadora que teníamos para la ocasión, el CD que estaba puesto no era de la banda de Seattle sino el Doolittle de los Pixies, sonaba “Monkey Gone to Heaven”, perfecta para el momento. No me gustó la mariguana y aunque volví a probarla días después en alguna hora muerta de la secundaria, con el tiempo comencé a desarrollar cierto tipo de desprecio hacia ella y sus consumidores. 
         El segundo momento fue en una fiesta improvisada en casa de alguien. La idea era sencilla, llegar temprano, beber mezcal y encaminarse a la escuela lo menos ebrio posible o al menos lo suficientemente sobrio como para disimular. Al llegar me serví un vaso y me senté en un sillón, Vladimir me acompañaba, pues íbamos juntos a todas partes. Al poco tiempo se me acercó Karla, una frondosa morena que se había enamorado de mí sin conseguir de mi parte más que una lujuriosa atracción física. Bebimos un par de vasos y me pidió que la acompañara a buscar no se qué a una de las habitaciones donde según dijo había dejado su mochila. Se tambaleaba un poco, y yo caminaba detrás de ella al son de sus caderas. Cerró la puerta detrás de mí, puso el seguro y se tumbó en la cama diciéndome ya estoy peda no te vayas a querer aprovechar de mí, mientras me miraba a los ojos flexionando y estirando las rodillas para enseñarme sus piernas cubiertas apenas por su falda tableada de secundaria. Me jaló hacía ella y comenzó a acariciar mi espalda por debajo de la camisa, nos besamos con furia y torpeza,  hasta que mis manos se encontraron sobre sus senos. Nos besamos más, se quitó la blusa y le desabroché el brasier con gran ignorancia. Yo tenía 13 años, ella 14. Los suyos eran los primeros senos que veía, labrados en ébano, henchidos de frescura y de virginal sensualidad; comencé a besar el inicio de esos montes y ella arqueaba la espalda, para dirigirme más abajo, hasta la punta de sus pezones duros, ansiosos de mis labios púberes. Justo en ese momento cambió la música, ya no sonaba esa porquería proto-regaetonica de inicio del milenio, sonaba otra melodía, de una crudeza melancólica que apenas entendía, pero que adivinaba mía como el reflejo de una densa masa de cosas entrelazadas en lo profundo de mi psique: “Where is my mind?”. Fue Vladimir quien se había apoderado del aparato de sonido y por un glorioso momento impuso su voluntad sonora, antes de que algún ofendido por semejante estruendo derrocara el régimen de su tiranía y tornara a la antigua bazofia de puertorriqueños misóginos. Quedó trunca la canción como mi encuentro con la morena, porque sus amigas comenzaron a tocar la puerta y a llamarle pensando que estaba demasiado ebria para no saber lo que hacía. En realidad estaba más sobria que yo.
        El tercer momento fue en un aula de clases, llevaba unos discman y Vladimir llevó unas bocinitas. Pusimos música en una hora muerta y pasó lo mismo, alguien se ofendió. Sentí un golpe en la nuca y escuché una voz que me decía quita tu pendejada, wey. Decidí no hacer caso; sentí otro golpe y escuché un ¿no me oyes, pendejo? La voz era de “el burro”, un sujeto malencarado y robusto mayor que yo por al menos tres años. Había soportado más de la mitad del segundo año de secundaría a aquel sujeto y a sus imbéciles esbirros. Yo era más pequeño y delgado que la mayoría, y fácilmente podía ser sometido por la fuerza. Así que tuve que aguantar un asiduo bullying de parte de todos ellos. Notaban, en su vulgar simplicidad de chacales imberbes, la ausencia de semejanza alguna entre sus personalidades y la mía, que era más bien taciturna y apartada; además siempre he tenido suerte con las chicas y la novia en turno del burro me había confesado su atracción por mí. Ese último golpe en mi nuca significó el epítome de toda esa serie de insultos y maltratos, así que sin pensarlo tomé por una asa el bote basura que estaba delante de mi banca, era de metal, era pesado, y con un solo movimiento, que aún no me explico se lo estrellé en la cabeza. Cayó al piso retorciéndose y chillando. En las bocinitas sonaba “Rock music”. Nadie volvió a molestarme.

20100522

¡¡¡Presentación Cyberautista!!!


Este es el flyer oficial de la  presentación que haremos en el vestíbulo de la Editorial Jus (Donceles 66, col. centro, a unos pasos del metro Allende), en colaboración con la Editorial Letras Vivas. 

La entrada es libre, lleguen temprano, comenzará a las 5 de la tarde. No falten, inviten a sus amigos.




Que a nadie se le olvide: Jueves, 5 de la tarde, Donceles 66.


20100504

¡Celebremos con W. Gibson!

Celebro dos cosas...

La primera: el regalo de cumpleaños (retrasado mes y medio, pero que compensó el tiempo perdido) que mi primo favorito supo acertadamente elegir.

La segunda: la creación del invento más importante de la humanidad. 
Para lo cual selecciono el fragmento del célebre cuento de William Gibson donde aparece la descripción, por primera vez y antes de que existiera en el mundo... virtual, de eso que éste autor (tremendamente infravalorado y que además cumple años un día antes que yo) llamó, para goce de muchos de nosotros, Cyberespace.
"Bobby era un vaquero, y el hielo, de ICE, Intrusión Countermeasures Electronics, era la esencia del juego. La matriz es una representación abstracta de las relaciones entre sistemas de datos. Los programadores legítimos entran en conexión con el sector de la matriz de sus jefes y se encuentran rodeados por luminosas formas geométricas que representan la información empresarial.
Torres y campos de información ordenados en el incoloro no-espacio de la matriz de simulación, la alucinación consensual que facilita la manipulación y el intercambio de enormes cantidades de data. Los programadores legítimos nunca ven los muros de hielo tras los que trabajan, los muros de sombra que ocultan sus operaciones a los demás, a los artistas del espionaje industrial y a los buscavidas como Bobby Quine.
Bobby era un vaquero [ICE-breaker]. Bobby era un pirata informático, un ladrón que estudiaba el extendido sistema nervioso electrónico de la humanidad, que robaba datos y cuentas en la abarrotada matriz, el monocromático no-espacio donde las únicas estrellas son densas concentraciones de información, y en lo alto de todo eso arden las galaxias corporativas y los fríos brazos espirales de los sistemas militares."
 Quemando Cromo, William Gibson, 1982.
(diez años antes de que la web existiera)


Sin duda Kodwo Eshun tenía razón al celebrar el neologismo:
"Encuentro fascinante, casi adictivo,ver como ciertos conceptos se materializan en el software, en arquitecturas de redes, obras de arte, discursos reales [...] Todos estos arquitectos se han visto obligados a introducir neologismos, para excavar/ modelar el espacio en el que están trabajando. La idea de William Gibson de que el neologismo es el acto primigenio de la poética pop. Es la primera fase de la manufactura de conceptos... La manufactura de conceptos... [es] una necesidad absoluta. Todo está siendo transformado digitalmente. Todas las descripciones están también obligadas a transformarse... Lo que queremos son conceptos que amplifiquen los estados mentales, los vectores anímicos..." [Kodwo Eshun, 2000]
Sobre lo que el autor nos diría:
"Uno de los elementos clave que tomé de Mil Mesetas de Deleuze y Guattari fue que la filosofía debía ser reconstituida como fabricación de conceptos. La filosofía - Heidegger, Hegel, Merleau Ponty, Lacan - siempre me dio dolor de cabeza porque era imponderable. La fabricación de conceptos hace que seamos más como electricistas del pensamiento, intentando encontrar diagramas de los circuitos del presente. D+G son tan brillantes cuando dicen: ¡Qué le vamos a hacer si Proust nos dice tanto acerca del espacio- tiempo como Einstein! ¡Qué le vamos a hacer si Henry Miller nos dice tanto sobre el deseo como Freud! La frontera entre la teoría y la ficción es absolutamente permutable." [W. Gibson estrevista con Lovink, 2000]
Nombrar es crear, reza el adagio... Años después de  Quemando Cromo y años antes de la web (y justo en el año de mi nacimiento), Gibson había declarado:
W.G.:  "Supongo que el libro plantea esas preguntas, pero no las contesta. Yo no las puedo contestar [...] pero, gente como ésta de Autodesk que están construyendo el ciberespacio - me cuesta creerlo, y ya casi lo tienen -, simplemente no se enteran. Mi percepción de lo que estaba haciendo era intentar llegar a algún tipo de metáfora que expresara mi profunda ambivalencia respecto de los medios de comunicación en el siglo 20. Y tuve la satisfacción de conseguirlo en cierto modo, y entonces estos cerebritos llegan y dicen, "¡Demonios, esto es una buena idea! ¡Vamos a ponerlo a funcionar!" Pero, sabes, me deja pensando, "¿Qué es esto?".Esto es incluso más raro que tener a gente haciendo tesis sobre tu trabajo: tener a gente construyendo esta mierda demencial que tú has soñado, cuando estabas intentando hacer una crítica de la sociedad industrial. Es una cosa bastante rara." [Entrevista / Wershler- Henry, 1989].

¿Qué miedo, no?

Citas: http://hackitectura.net/osfavelados/2006_elretorno/05_01_rhizoming_web_06.pdf

20100308

Nosce te ipsum


Yo soy
Yo soy la fugacidad
Yo soy la indiferencia
Yo soy el desencanto
Yo soy el caos
un átomo corrupto
Yo soy la heroicidad del mundo amoral
Yo soy mi religión y mi propio Dios
Yo soy
el huracán impasible de la cotidianidad
la luz infame de la ceguera humana
la altivez que el sabio abandonó en los bosques siberianos
Yo soy la tecnología
un virus en la programación de la RE(alida)D
Yo soy la luz del mundo
el cordero de la nueva alianza
loto deshojado en los desiertos de Marte 
Yo soy star wars
el incurable dolor de cabeza de la resaca social
Yo soy mi voz que se quiebra en cristales de cocaína
un buda vestido de Channel
Yo soy la edad del sol
la eternidad de una crisálida muerta
Soy un escarabajo azul estocado por el alfiler de un entomólogo divino que es un Dios silencioso que soy yo
soy la voz de ese escarabajo
y la luz ultravioleta que sus ojos de amatista filtran de la aurora boreal de mis palabras
Yo soy la sensualidad nórdica de mis sueños húmedos
el ébano labrado de la africana loca que baila en mi libido nocturno
 Yo soy la incoherencia del que finge su locura
la gota de vino que mi madre lloró todas las mañanas por la ausencia de mi padre
Yo soy mi padre y su creador: el falo místico que fecundó al huevo cósmico
Yo soy el universo antes del big bang
los colores del arcoíris
el mestizaje de mi piel
la delimitación geográfica del subdesarrollo
Yo soy la ruina
literatura confeti a granel
el circo solar de mis pasos
Yo soy un beat machacante
en la senda virtual del sonido
yo soy
código binario en los pixeles de tu monitor …
  yo soy el silencio.
(¿y tú? ¿tú quién eres?)

20100304

Autós

Algunos afirman que todo lo que conocen se contiene entre las cuatro paredes de sus mentes, de alguna manera están en lo cierto; sin embargo, lo que no saben es que esas paredes distan tanto una de otra como lo hacen los límites del universo. Debido a su condición hay quienes los dan por muertos, con la frialdad del raciocinio moderno los consideran vegetales; son abandonados en los rincones de las casas, se convierten en muebles empolvados por el tiempo y el descuido; vegetan apaciblemente debajo de una mesa; se sientan en el piso y mueven alguna extremidad en secuencias idénticas; o se quedan parados en el centro de alguna habitación con la mirada fija, en algún objeto de su interés.
       A veces caminan sin rumbo, alguna vez un niño, paciente suyo, con la naturalidad de cualquier otro infante, emprendió a gatas un maratónico avance, no se percató del momento en que tropezó con los desniveles de una escalera, rodó hasta el piso de la planta inferior. Cuando sus padres lo encontraron, pues lo habían descuidado unos instantes para entregarse a un momento de arrumacos amorosos en la cocina, confiados en la inmovilidad del pequeño, lo hallaron magullado, boca arriba, moviendo tenaz brazos y rodillas, como si continuara en la posición adecuada para seguir avanzando. 
        Este tipo de anécdotas eran parte común de su vida. En la clínica, como un montón de guijarros, ellos esperaban en fila todos los días, tiesos como estatuas, pero sin tener ese aspecto tan característico y despreciable de las personas “idas”. En realidad siempre han exhibido una apariencia absolutamente normal y podrían pasar como personas ordinarias hasta el momento en que se intentara interactuar, infructuosamente, con ellos.
       Así pues, ese era su trabajo, esa era su pasión, su espíritu curioso le exigía tal empresa. La naturaleza de su ocupación, como ya debe adivinarse, era la de tratar infantes con un tipo de autismo extremo. Existen diferentes niveles de esta enfermedad, desde el más benevolente que se caracteriza sólo por una leve disociación social, llamado síndrome de Asperger; al que sigue el autismo típico en el que los enfermos aún pueden ser tratados, aunque con gran dificultad; hasta llegar al autismo crónico que se considera totalmente incurable, cuyas víctimas jamás pronuncian una palabra, ni reaccionan a clase alguna de estímulos externos. Era precisamente con estos pacientes con quienes solía trabajar; siempre con la esperanza de comprobar su teoría que, en cada oportunidad, exponía los padres de sus pacientes. La conversación daba inicio con el lamento de algún padre desdichado:
-Me duele verlo, doctor, yo quisiera que superara su enfermedad, que fuera como nosotros, que entienda las cosas del mundo.
-¿Ha leído usted a Leopoldo Lugones, La estatua de sal, para ser más precisos?- respondía el doctor.
-No señor, no me gusta leer.
-Pues verá usted -decía después de un leve suspiro- en ese cuento hay una especulación muy interesante: se afirma que los anacoretas, aquellas admirables personas que viven en soledad y ascetismo, son quienes con su fe y con sus tenaces oraciones evitan que el cielo se colapse sobre la maldad de los hombres. Me gusta imaginar que quizá algo parecido ocurra con estos pobres desgraciados, acaso sean ellos quienes mantengan gracias a una especie de conexión sobrenatural y extraña el orden del cosmos como lo conocemos.
Normalmente el padre quedaba perplejo.
En realidad el doctor creía que se podía generar un mundo como se crea un poema, que se puede programar la realidad de la misma manera en que se configura un software informático. Algunos lo hacen de manera natural, son poetas de la realidad porque nacieron bajo el dedo de dios, otros lo logran artificialmente y con un trabajo de ascetismo y privaciones constantes. A éstos los llamamos milagros, santos, iluminados; mientras que la gente común se mantiene toda su vida -salvo raras y casi cuánticas ocasiones que de ocurrir duran sólo segundos- en el inmediato mundo material; los autistas, que corresponderían a la primera categoría de aquellos que tienen el don innato, hacen fluir su existencia a través de los secretos metafísicos de la realidad; los iluminados, que han tenido la fortuna de vislumbrar desde este lado del mundo aquel otro grado de verdad, mantienen la media entre ambos estados.
         El doctor había intentado ya decenas de veces enlazarse con ellos. Esta vez lo intentaría por medio de una interface cerebral. Era un procedimiento complicado, había que abrir una cavidad en la espina dorsal que comunicara impulsos bioeléctricos, producidos artificialmente, del sistema nervioso de los pacientes, al cuerpo del doctor, para que éste pudiera acceder al campo de visión de los enfermos. Era un proceso delicado, un solo desfase de aminoácidos era suficiente para arruinarlo todo. A pesar de ello, tan grande era la devoción a su trabajo y su ansia de conocimiento que decidió intentarlo, incluso sin el consentimiento del instituto. Clandestinamente armó el aparato en un sótano y se las arregló para trasladar de la clínica a alguno de sus pacientes. El experimento comenzó con un par de incisiones pequeñas hacía la médula espinal, introdujo en ellas un buen tramo de fibra óptica, con dirección al cerebro, hasta que la sonda que monitoreaba las reacciones del pequeño, lo indicó pertinente. 
        El chico pudo intuir el puerto que se conectaba a su sistema nervioso, una vez invadido el flujo eléctrico de sus pensamientos adivinó, como en un plano lejano y tenue de su cotidianidad, las intenciones del doctor, quien a su vez, y ya enchufado a la máquina mediante el mismo procedimiento, hacía todo lo posible por configurar mentalmente un protocolo de enlace para fundirse con él en un solo flujo mental. Sin embargo, los moduladores bioquímicos no estaban calibrados adecuadamente. Hubo cortos circuitos, desfases en los niveles de electroquímica que conectan al cerebro con la máquina. Así, el mundo de deleites estéticos y metafísicos que experimentaba el pequeño le fue vedado, y en el primer momento percibió no más que un caótico feedback con resonancias de ideas incomprensibles. No había luz, pero las nociones podían ser escuchadas en sinfonías endemoniadas de fricciones y sonidos de matices deslumbrantes. Sería inútil describir cuáles eran las percepciones reales del chico, el nivel de consciencia al que tienen acceso los que son como él es inimaginable para el común de los mortales y, aunque yo, por algún milagro de la biología humana, tuviera acceso a ellas, me sería imposible referir una sola palabra acertada si quiera para esbozarlas. Lo que nuestro doctor percibió, en el último momento, en el segundo exacto del equilibrio bioeléctrico, fue la emanación radiante de incalculables puntos de luz, todos interconectados con filamentos luminosos, como la red computacional de un ordenador cósmico. Ese era el universo, el ánima de cada uno de los seres materiales e inmateriales, el soplo de vida de todas las partículas del espacio que se buscan unas a otras para recuperar la unidad primigenia. Tales revelaciones tenían su precio y ese precio era el silencio. Sin importar los esfuerzos del pequeño por enlazarse al doctor y trasmitirle eso que tanto ansiaba; los componentes de la máquina de flujos eléctricos, configurados con más emoción que minuciosidad, ignoraron el software de regulación de las endorfinas; un aumento en el voltaje produjo una reacción en cadena que calcinó, con placer dopamínico, cada una de las neuronas del científico.
      Cuando lo encontraron era una estatua. Y fríamente lo anexaron a los otros enfermos, a los que él había tratado. Pero no era como ellos, él no poseía lo que a éstos había confiado la naturaleza en sus indescifrables designios. Él fue el último en intentarlo. Después, cualquier esfuerzo por ayudarlos fue considerado una pérdida de tiempo.
       Todo resultó en vano, jamás alguien podría hacerlos cruzar el abismo de su infinito encierro, jamás podría emerger palabra alguna de sus bocas lacradas por el destino y la eternidad. Y ellos, con la inconmovible penitencia de los sabios, habían aceptado su silencio místico, comprendían, no sin un poco de lástima, que jamás compartirían los algoritmos del ser, ni los códigos de la programación del universo que sólo ellos sabían; estaban conscientes de que su condición era inmutable e imperecedera y de que tendrían que soportar, a lo largo de los siglos, ser tratados como enfermos, como vegetales, objetos inservibles; y ser, no obstante, los puntos nodales, los depósitos de las claves que el universo otorga a los mortales para que cada uno desentrañe por sí mismo, y sin ayuda de nadie, los misteriosos del alma y las inquietudes esenciales del ser. Y sobre todo, eran conscientes de que ese conocimiento se lo llevarían, por siempre, a la tumba.


20100213

Buda industrial


El universo configura al mundo con una programación certera y críptica, con algoritmos de un código binario orgánico de partículas y ondas eléctricas de impulsos vitales. La voluntad es el trasfondo de ese murmullo violento, lenguaje aritmético de la realidad, es la red geométrica del todo, o lo que otros llaman Dios; aquello que opera sin cesar los engranajes de lo que puede ser percibido: la manufactura divina es el proceso industrial de la vida, la muerte y el reciclaje de las almas, los engranajes giran la ronda eterna de encarnaciones irredentas, en la maquinaria donde el cosmos procesa soplos infames de esencias viciadas, por la fragilidad carnal del espíritu humano.

La sombra y el olvido escapan por las chimeneas agitadas  de la fábrica del tiempo; el mundo de engaños e ilusión se desvanece con la lluvia ácida de una atmósfera envilecida  por los errores de la especie. Cada gota disuelve la visión especular de los vectores tridimensionales que codifican la RE(alida)D. 

Los recovecos umbrosos de su programación neuronal se iluminan con la consciencia del mundo que lo espera, liberado de la maquinaria eterna, encerrado en el silencio de su propia carne, los engranajes giran ahora en el centro gravitacional de su voluntad.

20091230

Opus 2

Qué espléndida parece la inmensidad desde mi azotea
con sus torres endemoniadas, erectas como falos de diamante
que penetran el limo profundo de las nubes de plomo;
qué altivos están los montes malsanos, centinelas de la ciudad,
que blanden en lo profundo de sí lanzas ardientes de roca fundida.
Hay algunos muros de asbesto que continúan en pie,
vestigios cancerígenos de un pasado que sigue presente;
parvadas de palomas negras flotan en el silencio
cadencioso del éter hidrocarbúrico, ajenas a los ruidos motorizados
de las industrias y a los metales chocantes de la maquinaria civilizada.
A lo lejos se retuerce la bandera de mi patria, estertórea, ante la magnificencia gris de sus dominios.





20091201

Chrystalmethropic

Epígrafe:

Loading unidad primaria: Unidad de disco duro (c:) :_

Ser una estrella no es en lo absoluto necesario para ser un dígito.

Lección no. 1: Las drogas experimentales son más confiables que los consejos de una madre cancerígena.
La respuesta está en el interior,
en la sombra y en los puntos muertos del cerebro,
en las zonas nodales que son como icebergs de sabiduría.
Siento a la red palpitar, puedo sentir cómo laten los códigos de la vida,
la programación de la realidad.
Los algoritmos del ser.
Cracking
Tengo la plena certeza de que el universo mantiene una estructura análoga a la red informática,
sé que es idéntico en constitución a la configuración del ciberespacio;
pero también que la programación divina no se puede hackear:
Internet es un espejo del universo.

Loading unidad secundaria: Vat 69 + comodore 64:_

El whisky se derrama de las fuentes irracionales de la cybercordura, la sintaxis del espacio no tiene por qué ser respetada. TODA VEZ Que los saltos cuánticos marchan hacia las estrellas, que no necesariamente son dígitos, llueve con un ingenuo vigor, con una vileza perezosa que no es más que un residuo de voluntad.
En los puntos muertos que navegan a ciegas entre constelaciones de ideas, el alcohol es la brújula para los que saben dónde buscar
para los que caminan a tientas, y
para los que están varados en el
...............anquilosamiento de la cotidianidad
.....................ebrios de éxtasis:
............................
ebrios de sabiduría ancestral:
.........
los dígitos se extienden al infinito en petulantes series de unos y ceros:
.........Cada par es una vida, un alma y una muerte.
.........
Cada par es la esencia misma del tiempo.
.........Cada par es un ladrillo que el cosmos cimienta en un edificio interminable.
.........
Cada serie es una ciudad, un mundo, una dimensión.
.........
Cada serie es la humanidad, el cosmos y lo que hay fuera
...................
de los vértices del universo
..........
Cada serie es el interior.
......................En
la sombra está la verdad.
La sombra está En el interior.
......................En
las regiones encriptadas de las civilizaciones cerebrales.
......................En
los almacenes vedados de pensamientos peligrosos.
......................En
el fondo,.....En el cEntro En lo hondo de las series binarias
..................... (de péptidos y endorfinas,
......................En
las palabras que no pensamos por miedo a lo que puedan decir
......................En
las palabras que me callo en este momento, y
......................En
las palabras que no sé cómo pronunciar

Loading unidad terciaria: hacking mental = falla del sistema:_

El sonido viaja a la velocidad del caos.
Cuando el fruto del amor primero se cubre de dulces abrazos de cicuta

el capullo que se desdobla entre fragancias de primavera gime de contorsiones lubricadas de pasión
y el suspiro se detiene con un infarto de miocardio
Con una mordida en un sol frondoso de amaneceres, lívido entre columnas de mármol, tan calientes (y tan suaves) que parecieran aún con vida.
Tan reticentes, tan siderales, como rocas perdidas en el espacio .
......................................Como sombras de risas en lo convexo del silencio, en lo encorvado del deseo.
En lo rojo de la vida que desglosa cifras y números en cadenas hexadecimales de orgasmos no programados. Notas nunca ejecutadas: Silentes dígitos transfiguran el aire de la presencia en sobras infrahumanas de asteroides y fragancias espaciales.
Entre sombras y dibujos de cadencia informática;
Entre soles y piernas de mármol y livideces de amaneceres en la soledad de voluntades descreadas,
Entre sombras y vigencias de sombras que desaparecen,
[sustancias plagadas de tiempos y palabras proscritas, por la decencia de las ciudades y las variaciones cósmicas; que, en modificaciones binarias, en juegos de unos y ceros, se arden se contraen se esparcen disminuyen desaparecen]
mientras en la estepa de los dígitos, la muerte con imperdonable pudor reniega del sistema inocente, de noches álgidas de veladas risas teológicas.
En lo azul del misterio en lo infinito del misterio.

Psiconautas=cibernautas+devueltaAlarealidad:_

Estoy harto del pasado
asfixiado por titanes de nostálgicas depravaciones en pretérito perfecto
de infancias en suburbios y videojuegos obsoletos.
El mundo está en el futuro y el futuro en mi interior

Chrystal meth para olvidar los problemas de mi generación:

(música mariachi): Me angustia el pasado de mi nación adorada de risas desdentadas por culatazos de carabinas extranjeras

(Sí, Sí, Así Es…

(RAPE me): Cuando tenía ocho años me violaron en el baño de una escuela. Eran tres chicos, tres años mayores que yo, vestían camisetas de bandas de rock de los noventas


(sí, sí, así es… Yeah!

NIRVANA cantaba su último suspiro en un retrete amarillo de sarro y rojo sangre de narices rotas.

Nací hace veinte años en una ciudad sin nombre. Nací hace veinte años.
Nací hace veinte años y aún no pronuncio mi primera palabra, ni lloro mi primer sollozo,
ni doy mi primer paso ni mi primer beso ni me estrello por primera vez y a toda velocidad contra las caderas

(lindas o no
de cualquier mujer.

Estoy harto del pasado, estoy harto del mundo
henchido de fugacidades en pretérito imperfecto
henchido de infancias primorosas y de sonidos primitivos
…
Hace tiempo me encontró el éxtasis con sus largos dedos de feniletilamina
y me aconsejó destejer el orden universal. Encontré cadenas de aminoácidos en
lo brumoso de los recuerdos, en lo ficticio del silencio. Y en el mundo que avanza a 180 km/h con dirección al este, nunca hacía el oeste.
Allá, donde la vida está hecha de acero y hormigón.
Allá, donde cada estrella es un número y donde cada planeta de sistema binario gira en espiral hacia el interior.

20091022

Lecciones de terrorismo no. 2: Gritar en silencio (Ser un bonzo).




(ver el video es imprescindible)


A Thich Quang Duc
“Su mantra es anahat — el sonido no producido”
Nirvana Upanhishad.

Por entre la magnolia crepitante
del saber ahogado escapa la sombra.
Con sus crujientes susurros invoca
la boca cerrada al sonido ardiente.

Cosmos binario en el centro del orbe
la sombra que vuelve al tiempo profundo
la brisa una risa noche perdida
La rueda que para su eterno girar.

Flujo perfecto palpita en los puertos,
red ilusoria que explota serena,
al sordo brillar del luciente tambor.

Serrados los ojos, māyā descansa
sobre celdas plateadas de algoritmos,
que inertes, queman la ilusión del mundo.

P.S:



“Su naturaleza es inextinguible e imperecedera.
Está más allá de toda duda y no alberga incertidumbre alguna.
El Nirvana, la Liberación última, es su único objetivo.
Se encuentra libre de cualquier tensión
y en su estado, sólo el conocimiento permanece.
La renuncia al mundo volviéndose absolutamente consciente es su cetro.
Aquél que ha quemado su ego —su mundo de apego e ilusión—
como en una pira funeraria, ése es el anahat-angi —el intacto, el íntegro.”
Nirvana Upanishad.