Roar your terrible roars and gnash your terrible teeth and roll your terrible eyes and show your terrible claws! And please don't go I'll eat you up, I love you so.

Mostrando entradas con la etiqueta El mundo desde la ventana de un décimo piso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El mundo desde la ventana de un décimo piso. Mostrar todas las entradas

20130628

Veo la música en sus pestañas

La tomé prestada una de esas noches en que nos escapábamos del ojo paterno. Habíamos bebido cebada espumosa y pretendíamos que era champán porque jugábamos a la locura y a la irresponsabilidad. Éramos torpes como manatís ebrios encallados en las rocas, pero lo hicimos con furia y ternura felina. Al amanecer babeamos sobre las sábanas rojas al interior de las penumbras y con la cabeza dándonos vueltas en el carrusel de los flashbacks y de la migraña. El cabello alborotado y los gestos descompuestos, y ahí estaba, con todo, más resplandeciente que nunca, desnuda hasta del orgullo que no necesitaba portar conmigo. Mía.
 

 
Antes del comienzo de la historia representábamos un argumento extraño y de trama imaginaria. Íbamos al cine flotando juntos a toda velocidad sin colisionar. Metidos en papeles ásperos, representábamos personajes que no sabían actuar en nuestro escenario. Improvisábamos formas de cubrir nuestros errores histriónicos con gags que nos sacaban del apuro y mantenían en vilo la ilusión representativa. Nos gustaba simular que no simulábamos. Y estábamos ahí frente a la pantalla metiéndonos palomitas a la boca para mantenerla entretenida y alejadas de la tentación. No había forma más sencilla de hacerlo sin que la obra fracasara.
 

 
Hay cosas que no entiendo. ¿Por qué el sabor de la piel salada es tan dulce como el rosa de los labios que dicen mi nombre? ¿Por qué los ojos cafés son más abismales que el negro más profundo? ¿Por qué el calor de su pecho me quema el estómago con placer hipocondriaco y luego provoca escalofríos? Veo la música en sus pestañas que son ondulaciones sonoras de caderas delicadas. Quiero decir de cadencias aromáticas que son detonaciones y estrépitos de luces delineadas. En palabras más exactas ímpetus lascivos que son el eco de los diminutos chasquidos que chispean cuando se moja los labios en el ritual perpetuo del oleaje que me lleva al trance y al deceso. ¿Por qué me mata y siento que vivo como nunca he vivido? Hay cosas que no entiendo.
 

20121212

Posibilidades suicidas


Hay cosas que nunca son. Somos imprevisibles y nos acabamos. Todos los caminos que no tomamos se amontonan detrás de nuestras huellas. Hay tantas posibilidades que se suicidan. Toman una escopeta, montones rohypnol, sogas corredizas, saltan al vacío desde el piso 50. Somos errores que se fatigan y se desgastan. Y caminamos a ciegas un camino que se deforma. En el corredor de las posibilidades las pantallas muestran videos de pasados o presentes o futuros que nunca se realizaron. Amigos muertos, cáscaras vacías. El destrozo de los años. Los hijos que pude tener y nunca tuve claman mi nombre. Las palabras que no dije, sombras que sucumben ante la incertidumbre. Debí haber muerto hace tiempo.  El futuro es oscuro, caminamos con una lámpara que hacía adelante no ilumina más allá de nuestras narices, pero hacia atrás es un resplandor celestial que nos muestra los estragos que dejamos con cada paso. Apocalipsis significa revelación y estamos tan lejos de saber la verdad. ¿Quién va a pagar la cuenta? hay que huir antes de que llegue la factura.

            El desierto es el camino. Las dunas cambian de forma con cada ventisca, se crean y desaparecen en el planetario vertiginoso de lo impermanente. Somos una estatua de arena que se difumina con el viento. Ninguna partícula nos pertenece. Todo está en el pasado. Tan eterno como inamovible. Y todo lo que no fuimos sigue ahí, esperando que en lugar de decir sí hubiéramos dicho tal vez o que en lugar de cualquier sonido, hubiéramos permanecido en silencio. ¿Cuál es el valor de la caducidad? hay que beber whisky con capsulas de tiempo. Una sobredosis o dos antes de pisar las dunas y dejar que el viento nos disperse.


20121105

Día del muerto



El día de muertos se ha convertido en mi celebración mexicana favorita. Me gusta que la gente se disfrace. Los niños calabaza, los vampiros, los diablitos, los pequeños hombres lobo. Me gusta caminar por Madero. Nayeli se asusta con los payasos, hay uno con una máscara de Eso. Me gusta toda esa monstruosidad. Ese día en que tu friki interno puede salir sin que nadie te mire raro. Ya no somos nosotros. Todos somos monstruos. A nadie le importa. No pienso en la muerte pero sé que todo se muere. Nayeli me señala un bebé vestido de momia, lo miro y sonrío, luego ella se acerca para besarme, por un momento su cabeza es sólo la calavera. El beso de la muerte. Pienso en que ella morirá un día. Me estremezco. La luna brilla con la intensidad suficiente para que mi transformación comience. Te Estocolmo, faláfel; le digo en nuestro código secreto. Mi corazón se convierte en un pan que aúlla. Quiero que ella lo devore. Yo te quiero, me dice con esa manía de usar el pronombre en lugar de decir sólo te quiero. Hay tanta gente que no podemos caminar. Somos cursis. Me habría gustado disfrazarme del gato Chesire con esa sonrisa gigantesca y socarrona. La luna brilla. Los muertos caminan entre nosotros. Somos muertos ya. Caminamos abrazados, delgados como esqueletos. Nuestras costillas chocan, encajan a la perfección. Debimos disfrazarnos de Tetris. Esta noche sus besos saben a flores de cempasúchil. Reímos sin darnos cuenta de que nuestras risas son cráneos con convulsiones. Caminamos y no tenemos carne en los huesos. Nos besamos sin notar que nuestras osamentas yacen en la misma tumba. Nos abrazamos y nos damos cuenta de que el calor que compartimos hace que todo lo demás se pierda en el más allá. La noche sopla esa brisa gélida, pero con ella a mi lado no la siento. El frío de la muerte no nos toca, pero blande su guadaña sobre nuestras cabezas.

    Ya no somos nosotros. Vivimos como esqueletos. Todos los demás son monstruos. Pero no nos importa.



20121010

Costillas rotas llueven sobre el mar

I can see your heart change with the sun...
A place to bury strangers

Canalla, me dirá un día, como me dicen siempre
eres un cerdo
un estúpido cerdo
y yo diré te lo dije

Pero antes habremos asaltado algunos bancos
habremos alimentado jaurías de perros perdidos en el parque
con nueces de la india,
habremos hecho maratones de sándwiches sudorosos
a mitad de mis sábanas rojas

mordiéndonos como felinos con ojos de revólver
habremos afilado horizontes con los bisturís invertebrados
de lagrimas esculpidas en mármol o marfil
habremos visto televisión y leído los mismos libros

sin comentarlos

Quizá yo haya conseguido que me cuente algunos cuentos

que me abrace muy fuerte por las noches 
murmurando ruidos hasta que me quede dormido 
y que sus ojos de luciérnaga ya no me cieguen tanto;
y ella que yo fuera un poco menos cretino, al menos a ratos

que recuerde algunas cosas importantes, datos o fechas
que le dé un batazo en la cabeza a mi orgullo 
en esos momentos en que tenga que hacerlo
o cosas así

Y cuando todo termine sentiremos que valió la pena
que no todo estuvo mal
que algo quedará, 

pese a que, 
en realidad,
sepamos que no queda nada

Aunque también…
probablemente ese día nunca llegue
nadie sabe si hoy o mañana el cielo se vaya a caer a pedazos
o si, de alguna manera, aprendemos de los errores

y a pesar del pasado,
cada día somos un poco mejores personas

o quizá no.



20120823

Me acordé


“Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.”
César Vallejo

Y después de todo este tiempo nos volvimos a ver. ¿Cómo explicarle? No quería besarme, pero me abrazaba. Te amo, me dijo. ¿Cómo iba a explicarle? Sus labios son firmes y estaban húmedos. No quería besarme pero logré rozar su boca con la mía un par de segundos hasta que volteó la cabeza. Vi sus labios rosas. Sus ojos rasgados. Su mirada felina. Pensé en su sexo. Sus labios firmes y húmedos. Recordé su sexo. Rosado también, húmedo también, húmedo siempre, igual que sus muslos, parecía que chorreaba, siempre. ¿Cómo explicarle que el amor y el deseo no son lo mismo? Te amo, me dijo, y yo no supe qué responder. Tuve una erección. Me pasa cuando me quedo sin palabras y cuando respiro un perfume que me subyuga. Su olor corporal es de una higrometría áspera. Deja limo en la garganta. Miré sus pómulos y pensé en el arco de su espalda, en lo dorado de los vellitos que se le erizaban a contraluz. Su cabello negrísimo como el abismo y el contraste con su piel casi transparente, con pinceladas rojas en su sexo, pezones y labios. Me dijo que me seguía amando, después de todo este tiempo y a pesar de todo lo que había pasado; y no supe qué decir. ¿Cómo iba a explicarle que bajo mi pantalón algo me estaba matando, que con toda su fuerza mi corazón latía ahí? Su mirada felina. Sus ojos rasgados. No quería que la besara, pero me abrazaba. Sentí la presión en mi pecho. Sus senos que mis palmas nunca pudieron abarcar del todo. Prefiero los senos pequeños, y aunque los suyos no lo eran, lucían perfectos. ¿Cómo explicarle que el amor y el deseo no son lo mismo? ¿Cómo decirle que la pasión y la atracción no son iguales? Y es que buscábamos cosas diferentes. Ella podía complacerme fácilmente, yo nunca pude darle lo que ella ansiaba. Sabía bien que ya no la vería en mucho tiempo. Respiré hondo, codicioso de su perfume. Quería que me llenara los pulmones dejando su sedimento ahí para siempre. Di medio paso hacia atrás para que ella no sintiera el secreto que yo guardaba, que me palpitaba, que amenazaba estallarme ahí abajo. Me dijo que me amaba. No respondí y supe que esa sería mi sentencia de muerte. Di otra inhalación abismal. Su cabello grueso. Sentí los rizos en mi mejilla. ¿Cómo iba a explicarle? Sabía que ya no iba a contestar mis llamadas. Eres un cabroncito, me dijo. Yo no tuve palabras. Me conoce, sabe leerme. ¿Por qué no quieres besarme? le pregunté después de un rato. Si hubiera podido besarla una sola vez habríamos cruzado la línea, sé lo que un sólo beso es capaz de hacerle. Porque mi voluntad es débil, contestó. Con toda la paradoja del mundo supe que no iba a cambiar de opinión. Ya no había nada qué explicarle, lo sabía todo. Puede leerme, me conoce. No iba a cambiar de opinión. Eres un maldito cabroncito, sé que lo pensó de nuevo. La conozco. Hay tanta belleza en el mundo, tanta que no la aguanto. Aspiré hondo. Pensé en su sexo. Sentí nostalgia. Y no tuve más palabras. 



20120819

Morir antes de los 30


La vida sirve. Nadie sabe de verdad lo que es una cerveza hasta que la necesita. Las mañanas son especialmente inclementes. Me moriré una mañana, un poco antes del amanecer. Me voy a morir antes de los 30. Para mí la muerte es de color gris. Para mí la muerte es una caja forrada de terciopelo gris y herrajes plateados. Quiero un funeral pagano. Quiero arder en una pira con un par de monedas en los ojos. Hay que pagarle al barquero. Imagino mi funeral. Suena Funeral party de The Cure, soy el loco que quiere convertir un funeral en una fiesta. Habrá dos puñados de Magdalenas que lloran, y gritan cosas como “fuiste lo mejor que me ha pasado”. Dejaré unos 10 hijos. Hijos sin padre que no sabrán recordarme. Mujeres que les dirán que su padre fue un gran hombre. Quizá un par de ellas se intenten arrancar los cabellos, una a la otra, en plena competencia de amor, diciendo cada cual que era ella quien me quería más. Alguna otra se arrojará a la hoguera para irse conmigo. Y yo estaré en mi pira, como un rey, en lo alto contemplando mis dominios. Un cielo gris que ya no veré. Dirán que era tan joven, que era tan inteligente, que era tan buena persona, dirán que es una lástima que me haya ido en la plenitud de la vida, con toda mi carrera por delante, con todo mi genio, con todo lo mío. Todos mis hijos se conocerán por fin, también todas sus madres. Cada una con algo especial. Cada una hecha para mí. Cada una amándome hasta la muerte. Voy a morir antes de los 30 porque para mí la muerte es de color gris. 
       No importa cuánto hayas reído anoche, cuántas canciones hayas bailado, todos los brindis que te hayas tomado, a cuantas hayas besado, ni con quién te hayas acostado. Las resacas son inevitablemente para solitarios. 

20120728

23 años.


A mi edad ya no fui Rimbaud...

Despertar una madrugada de julio y mirar hacia atrás. Hace casi un año que el tiempo se detuvo. Me siento tan joven y tan viejo. Hay noches en que la lluvia cae como si no hubiera mañana, como si dios hubiera olvidado el pacto que hizo con Noé. Esas noches abro libros al azar y siento envida. Quiero quemarlos. Tengo 23 años. Hace 4 que perdí la posibilidad de ser Rimbaud. A fin de cuentas a medida que pasa el tiempo uno pierde cosas, se desprende de capas, deja muertos y respira el aire lacado por los años. Pesado, pero vivificante. Y el mundo se queda en suspenso, la lluvia se detiene en el aire, la taza de café que se precipitaba al suelo se paraliza, a medio derramar, con el líquido flotante esperando a manchar la alfombra. Las aves nocturnas se petrifican en el firmamento. Las hojas que se desprendían de los árboles parecen congeladas en una fotografía otoñal, negándose a la gravedad y a su destino. Y mi ropa sigue suspensa, llena de pliegues, dibujando su parábola con el mismo impulso con que me la arranqué. Me gusta la desnudez. Y me gusta salir a caminar mientras todo está inamovible. Hago un acercamiento a las gotas de lluvia, las miro flotar y las rodeo 180°, en ese cliché de cámara cinematográfica.
        El mundo inmóvil me recuerda más que nunca y más que nada el fluir del tiempo. Me pregunto si no estaré yo también en una posición de suspenso a mitad de una palabra o de un gesto. Quizá soy yo la única estatua en un mundo vertiginoso, en el que se suceden los días. Amanecer ocaso, amanecer ocaso, sol lluvia otoño invierno. Una y otra vez. Y una madrugada de julio o de cualquier mes despiertas y te das cuenta de que ya no tienes la edad suficiente para ser Kurt Cobain, o Jesucristo, y que no pudiste superar los logros de tu padre. No quisiera no poder ser Jesucristo.

    Difficult not to feel a little bit disappointed


    El aire es más pesado, pero más vivificante.


    A fin de cuentas lo único que importa es hacer el amor bajo la lluvia. Sin importar... que se haga sin amor.

20111221

Schopenhauer es mi pastor. Nada me falta.


Entonces, según Schopenhauer y su filosofía postkantiana pesimista, el mundo es una mera apariencia. Kant sólo descifró la realidad a un nivel científico e hizo una profunda reflexión sobre el carácter ilegible de la percepción. Así, según esto, el fenómeno se vuelve representación, mientras que la cosa en sí voluntad. La voluntad no es sólo un atributo del pensamiento, sino, y primero que nada, una expresión de vida. Por lo tanto la conciencia y la inconsciencia funcionan de manera conjunta; porque la voluntad es una especie de querer vivir, que no es propia sólo del sujeto, sino que tiene una dimensión cósmica. La filosofía entonces es la responsable de ser una cosmología que anule a la teología, la cual proclamaba a una especie de divinidad que otorgaba al hombre una situación privilegiada en el mundo natural. Si las cosas son así, la voluntad sería la esencia y realidad absoluta y última del Universo; la inteligencia comparada con ella sería pura basura secundaria. En definitiva, a vida es un dolor perpetuo, un deseo que no se sacia, una lucha constante, que implica la imposibilidad de la satisfacción y, por tanto, de la realización de nuestras aspiraciones.
Hoy, por ejemplo, ya no me siento tan estúpido por sentirme solo en un mundo de 7 mil millones de personas. 


Fin.




20091230

Opus 2

Qué espléndida parece la inmensidad desde mi azotea
con sus torres endemoniadas, erectas como falos de diamante
que penetran el limo profundo de las nubes de plomo;
qué altivos están los montes malsanos, centinelas de la ciudad,
que blanden en lo profundo de sí lanzas ardientes de roca fundida.
Hay algunos muros de asbesto que continúan en pie,
vestigios cancerígenos de un pasado que sigue presente;
parvadas de palomas negras flotan en el silencio
cadencioso del éter hidrocarbúrico, ajenas a los ruidos motorizados
de las industrias y a los metales chocantes de la maquinaria civilizada.
A lo lejos se retuerce la bandera de mi patria, estertórea, ante la magnificencia gris de sus dominios.