Todos
los días siento ganas de matar a alguien. No es que sea una mala persona (pero
quizá lo soy), es sólo que no soporto que el mundo esté tan lleno. Soy un
arrogante y soy la inocencia. Soy una buena persona me digo cada día frente al
espejo, pero en el fondo sé que soy un monstruo, como todos. Es que ¿por qué se
empeñan en estar ahí, en tocarme en llamarme, cuando puedo ser feliz con las 10
o 15 personas que he elegido para mí? No entiendo por qué tiene que haber
tantos.
También sé que es estúpido.
Quisiera un mundo más limpio.
Despejado. Hay tantas cosas que no entiendo. Me siento tan perdido. Y entonces
pienso que sería reconfortante ser un Buda, una figura superior desprendida de
pasiones carnales, un arcoíris, la lluvia del medio día, una nube versátil
conducida por el viendo. Hay tantas cosas para ser que nunca seré. Me da
tristeza. Pero me siento feliz de ser lo suficientemente yo como para desearlo.
Estoy tan putamente satisfecho que me asusta.
Rujo por las noches y me afilo
las garras en espera del siguiente día. Hay tantos días por delante… y me lamo
los colmillos.
