Roar your terrible roars and gnash your terrible teeth and roll your terrible eyes and show your terrible claws! And please don't go I'll eat you up, I love you so.

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20140824

Quizá ya estoy muerto


Limbo. Hace tanto tiempo que las cosas parecen inamovibles. El ruido de la estática se congela incluso. Aquí no hay una sola mutación. Los días pasan rápidos y las noches lentas. El purgatorio de los días sopla su influjo hacia la eternidad y la congela. La salida está petrificada, también los pasos. Las señales eléctricas son interceptadas por la atmósfera de piedra y jamás llegan al sistema nervioso central. No te muevas, ordena el mundo que no gira. Los comandos no son entregados y todo permanece donde es. Uno de estos días todo va a colapsar. Las paredes y los techos caerán sin moverse, acaso porque están ya derrumbados aunque permanezcan en su sitio. Y siento los días amontonarse uno sobre otro como pilas de periódicos viejos sobre una casa de naipes. Limbo.

20131223

Eventos al final del túnel



Es que ni siquiera recuerdo el horizonte difuminado. Yo sólo caminé y perdí el paso. Al final de lo visible había una línea horizontal que se desdibujaba como un espejismo, estoy seguro, pero no lo recuerdo. Y yo seguí andando porque detenerse nunca es una opción para el tiempo que fluye. Pensé que podía discurrir y dejar que el viento se llevara todo lo que se me desprendiera de la piel, como si fueran cenizas de un cadáver calcinado esparcidas en la ventisca de un desierto: la poesía de las partículas en el aire que flotan en cámara lenta y parecen caer como copos de nieve o como estrellas muertas del universo.

¿Qué podía esperar? Ni siquiera sabía a dónde ir. Estaba allí, perdido entre los edificios esperando el final del ciclo. No puedo negar que hay maneras más crueles de extraviarse. Pero los tentáculos que persiguen nuestras cabezas impasibles de buda en trance no se detienen. Esas noches rezaba rezos cristianos porque me aturdía la oscuridad, y los ruidos nocturnos amenazaban con convertirse en una música hipnótica, temía perder más el camino y dirigirme a la negrura y a lo espeso y a las sombras.

¿Qué podía esperar? Ni siquiera recuerdo el horizonte difuminado. Podíamos contar los planetas y trazar sus ciclos y periodos de rotación para entender con exactitud por qué después de eyacular nuestros temblores dibujan vía lácteas de marfil y horizontes nebulosos.

La muerte viene y ya. Y es momento para mirar hacia atrás. Hay que saber que las cajas las habitan los muertos con su rigidez de roca suave. Y que mi nombre es impermanencia y también el tuyo, y el de las células que se deterioran y se convierten en polvo. Un trago de alcohol. Un gemido de satisfacción. El miedo. Y el olvido.

Afuera están todos los monstruos, afuera, en el límite imaginario. Pero caminamos entre ellos portando una máscara para evitar ser descubiertos, para confundirnos con la multitud.

Ni siquiera recuerdo cómo llegué aquí (¿se me cayó la máscara?). He pasado tanto tiempo entre ellos que me han crecido los dientes y me han salido garras y cuernos y el pelo me cuelga por todos lados y el aliento me huele a sangre. Mis ojos amarillos no distinguen más allá de tres metros, pero olfateo las feromonas en el aire, el líquido menstrual que me hace correr impaciente por soltar mis dentelladas.

No había nada que esperar. Sólo la negrura, el brillo de los ojos en la oscuridad y el olvido de lo que perdimos antes de correr hacia la liberación de los dientes, en la misma dirección en que corre el tiempo.

La única.

20130910

O cuando.


O cuando cuando bebimos los océanos que contenía la botella con esa furia de olas y rocas que golpeaban el equilibro y dejábamos caer nuestros cuerpos sobre la arena blanca que refulgía con destellos de rayos broncos en la playa de esos días y despertamos arrastrados por el oleaje a un desierto inclemente que sofocaba la garganta y nos rompía la cabeza en pedacitos que no se colapsaban y estábamos ahí dejando caer las cabezas sobre nuestros pechos turnándonos a ratos y oliendo la sal de nuestro sudor que no apagaba la sed y decías que no te acordabas de las olas porque te hipnotizaban y te mareabas y no sabíamos por qué teníamos esas manchas violáceas salpicando nuestros cueros y esas marcas de semicírculos que embonaban con la huella de nuestras dentaduras ni por qué la arena era roja y era de tela y nos envolvía a medias y dijiste entonces que estabas feliz aunque nos dolieran las piernas y las espaldas aunque tuvieras pellejos de mi lomo dentro de las uñas y yo sonreí con la boca agrietada de escamas áridas que se resquebrajaban más y me hacían sangrar. Y tú sonreíste también. Y sonreímos los dos bebiéndonos con los ojos el alma desnuda para apagar el infierno de la sed.


20130628

Veo la música en sus pestañas

La tomé prestada una de esas noches en que nos escapábamos del ojo paterno. Habíamos bebido cebada espumosa y pretendíamos que era champán porque jugábamos a la locura y a la irresponsabilidad. Éramos torpes como manatís ebrios encallados en las rocas, pero lo hicimos con furia y ternura felina. Al amanecer babeamos sobre las sábanas rojas al interior de las penumbras y con la cabeza dándonos vueltas en el carrusel de los flashbacks y de la migraña. El cabello alborotado y los gestos descompuestos, y ahí estaba, con todo, más resplandeciente que nunca, desnuda hasta del orgullo que no necesitaba portar conmigo. Mía.
 

 
Antes del comienzo de la historia representábamos un argumento extraño y de trama imaginaria. Íbamos al cine flotando juntos a toda velocidad sin colisionar. Metidos en papeles ásperos, representábamos personajes que no sabían actuar en nuestro escenario. Improvisábamos formas de cubrir nuestros errores histriónicos con gags que nos sacaban del apuro y mantenían en vilo la ilusión representativa. Nos gustaba simular que no simulábamos. Y estábamos ahí frente a la pantalla metiéndonos palomitas a la boca para mantenerla entretenida y alejadas de la tentación. No había forma más sencilla de hacerlo sin que la obra fracasara.
 

 
Hay cosas que no entiendo. ¿Por qué el sabor de la piel salada es tan dulce como el rosa de los labios que dicen mi nombre? ¿Por qué los ojos cafés son más abismales que el negro más profundo? ¿Por qué el calor de su pecho me quema el estómago con placer hipocondriaco y luego provoca escalofríos? Veo la música en sus pestañas que son ondulaciones sonoras de caderas delicadas. Quiero decir de cadencias aromáticas que son detonaciones y estrépitos de luces delineadas. En palabras más exactas ímpetus lascivos que son el eco de los diminutos chasquidos que chispean cuando se moja los labios en el ritual perpetuo del oleaje que me lleva al trance y al deceso. ¿Por qué me mata y siento que vivo como nunca he vivido? Hay cosas que no entiendo.
 

20130320

Exhibición de atrocidades


Iggy Pop

¿Por qué te colgaste, Ian Curtis, esa noche?
¿Por qué, aislado, oscilabas al compás de una batería arrítmica?

Esta noche es ya casi mañana y pienso en ti y pienso en todo lo que se cuelga

el sol por ejemplo con su radiación bastarda se pierde en el horizonte
o aparece
quizá

pero su láser ultravioleta no es tan malo cuando entona canciones de desamparo

¿Por qué te colgaste esa noche Ian Curtis?

eres tan triste como la mirada de Kurt Cobain
 
que es tan triste como las imágenes de Ballard
  
que son tan tristes como las notas de de piano  
                         en el Gymnopédie n°1 de Erik Satie

que son…                  

Guardo en mi ordenador una fotografía tuya               miles de pixeles
pero tú eras análogo, como son las cosas
                                         antes de ser recuerdos

                                                            una espiral en el vinyl
                       Hypnotic trance, we never saw
                                      una espiral como teorizan que es el tiempo

                                                          pienso en tu sombra sobre el piso
y teorizo sobre la gravedad suspendida
de las aves que podían verse desde la ventana
persiguiendo el horizonte
de un sol que se cuelga
y se pierde en la arena blanca del desierto

Wilderness pienso
What did you see there?
Nuestro mundo destruido

La caducidad programada       la obsolescencia de la memoria

Y pienso que cuando todo parece ir bien es cuando todo va peor
Así son las cosas.
Tú lo sabías.