Roar your terrible roars and gnash your terrible teeth and roll your terrible eyes and show your terrible claws! And please don't go I'll eat you up, I love you so.

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20140312

Un cuarto de siglo



Hay muchas cosas que me asustan. Me asusta la obsolescencia y el olvido. Me asusta la necesidad y la esclavitud. La muerte de los cercanos que nos duele solo a nosotros y no a quienes se nos van.

El problema de nuestro tiempo es la memoria. Siempre queremos más, más gigas, más teras de espacio almacenable, tomamos fotos y videos y nunca recordamos nada. Un trago que se evapora, alcohol en el aire que se eleva a la atmósfera. Me asusta la vejez y la enfermedad. Me asusta que la noche sea tan larga y que las mañanas sean tan inclementes. Me asusta la guerra, sobre todo cuando es interna y me asusta saberme incapaz de comprender y de empatizar. 

Hace tiempo que dejé de ser un niño. Y no importa qué, me sigo sintiendo tan amenazado por los terrores nocturnos y por los monstruos escondidos detrás de las sombras. Un cuarto de siglo no ha bastado para comprender que todo se escurre. Que todo se nos va de las manos. El tiempo, las personas, los amigos, las cosas, las ideas: la piel muerta que respiramos todos los días. Nuestros pulmones de llenan de nuestro propio cadáver. 

A veces me pregunto en qué terminará todo. Me asusta saberlo. Si pudiera quemar el templo de Artemisa lo haría sin dudar. No soy un hombre que ha nacido para el olvido. No soy un hombre que puede lidiar con el olvido. Eróstrato y las flamas son mi sino. Mi problema es la memoria, no quiero olvidar ni ser olvidado. Las flamas consumen a los que no encuentran una salida.

Pero el tiempo avanza y fluye en su dimensión ajena a los temores nocturnos. La piel se nos va volviendo áspera. No somos los adultos que se supone que debemos ser. Hemos estado tanto tiempo en las esferas uterinas que es imposible salir sin morir de asfixia. Pero grabamos cada momento en formatos de alta definición. Un día reproduciremos todas las cintas en todas las pantallas al unísono y no habrá más que embriaguez. Del tipo de embriaguez que precede la pérdida de la memoria. Cuando amanecer en un sitio desconocido y con la cabeza a punto de estallar es como un nuevo renacer.

La única forma de atravesar el tiempo con el hierro mortal es renacer todos los días. En el ritual de la cabeza punzante y con el desierto en la boca de arena.


20131223

Eventos al final del túnel



Es que ni siquiera recuerdo el horizonte difuminado. Yo sólo caminé y perdí el paso. Al final de lo visible había una línea horizontal que se desdibujaba como un espejismo, estoy seguro, pero no lo recuerdo. Y yo seguí andando porque detenerse nunca es una opción para el tiempo que fluye. Pensé que podía discurrir y dejar que el viento se llevara todo lo que se me desprendiera de la piel, como si fueran cenizas de un cadáver calcinado esparcidas en la ventisca de un desierto: la poesía de las partículas en el aire que flotan en cámara lenta y parecen caer como copos de nieve o como estrellas muertas del universo.

¿Qué podía esperar? Ni siquiera sabía a dónde ir. Estaba allí, perdido entre los edificios esperando el final del ciclo. No puedo negar que hay maneras más crueles de extraviarse. Pero los tentáculos que persiguen nuestras cabezas impasibles de buda en trance no se detienen. Esas noches rezaba rezos cristianos porque me aturdía la oscuridad, y los ruidos nocturnos amenazaban con convertirse en una música hipnótica, temía perder más el camino y dirigirme a la negrura y a lo espeso y a las sombras.

¿Qué podía esperar? Ni siquiera recuerdo el horizonte difuminado. Podíamos contar los planetas y trazar sus ciclos y periodos de rotación para entender con exactitud por qué después de eyacular nuestros temblores dibujan vía lácteas de marfil y horizontes nebulosos.

La muerte viene y ya. Y es momento para mirar hacia atrás. Hay que saber que las cajas las habitan los muertos con su rigidez de roca suave. Y que mi nombre es impermanencia y también el tuyo, y el de las células que se deterioran y se convierten en polvo. Un trago de alcohol. Un gemido de satisfacción. El miedo. Y el olvido.

Afuera están todos los monstruos, afuera, en el límite imaginario. Pero caminamos entre ellos portando una máscara para evitar ser descubiertos, para confundirnos con la multitud.

Ni siquiera recuerdo cómo llegué aquí (¿se me cayó la máscara?). He pasado tanto tiempo entre ellos que me han crecido los dientes y me han salido garras y cuernos y el pelo me cuelga por todos lados y el aliento me huele a sangre. Mis ojos amarillos no distinguen más allá de tres metros, pero olfateo las feromonas en el aire, el líquido menstrual que me hace correr impaciente por soltar mis dentelladas.

No había nada que esperar. Sólo la negrura, el brillo de los ojos en la oscuridad y el olvido de lo que perdimos antes de correr hacia la liberación de los dientes, en la misma dirección en que corre el tiempo.

La única.

20130323

Mapas






Hay un resplandor cuántico en los mapas
que nos incita al braille
                                a la cartografía del cuerpo

Comemos pan Wonder con mermelada otoñal
y la miro parpadear                        pestañas de hojas caídas

Los caminos se dibujan porque la farsa es mejor que la verdad
                               porque la ilusión es más sublime
porque el sexo es perfecto cuando lo imaginamos
                                            y no cuando ocurre en realidad
          y es que el iris es más bello en otoño
                                          cuando se rompe

contamos los caminos y nos deleitamos plegándolos
       unos sobre otros                    
el mundo es más divertido
                                      si no es sencillo
y está lleno de laberintos
tengo que trazarlos también en el mapamundi
del lunar en su costado                                un tatuaje carta geográfica
para no perdernos

Porque los barcos se guían por las estrellas.

Y avanzan veloces
en nodos de garganta
y llanto
cuando el mar quiere
lamer la marca de mi saliva
sobre sus aureolas refulgentes
                                            dos astros polares
y la sal nos pierde el juicio

                Naufragamos sin cartas con qué navegar de vuelta
a desayunar mirándonos a los ojos
la piel humeante  marcada con dientes
que son señales secretas para entender el tesoro

Sugiere que hablemos
de Joy Division   de William Gibson         del pasado que no compartimos
el laberinto sigue en mi cabeza
soy un náufrago y no respondo
pienso en una manera de salir:

Existe google maps        no sé por qué seguimos con esto
con esta farsa analógica del papel impreso
                utilizo mi ordenador
sitúo la vista satelital
y clickeo hasta encontrar nuestra casa
me acerco más en un zoom cenital a través del techo
ahí está                               desnuda sobre la cama con las cornisas de par en par
y ahí estoy yo adhiriéndole un mapa de papel impreso
a escala real de su cuerpo.

Hemos seguido la trayectoria que dibuja el caos en su efervescencia eyaculatoria
colocando tachuelas líquidas  en los puntos clave
y buscamos un sentido hipotético
un patrón
que explique por qué el zoom genital
distorsiona la teoría cartográfica
 que habían descrito los libros y los filmes
de amor

Miramos películas de piratas
los filibusteros aguardan detrás de las olas
quieren mis trayectorias
y eventualmente las poseerán
porque la eternidad está reservada a personas más afortunadas que nosotros

somos una obsolescencia programada                
y seguimos asistiendo a las rebajas de temporada
 [la cópula aún en su forma más sublime [amor] es una mercancía
y como todas las mercancías tiene señalada su fecha de caducidad]

Los mapas se hicieron para mercadear
reclamas nuevas rutas
y nunca escondí el tesoro

porque los mapas son simulacros de lo que debería ser
como nosotros somos simulacros de lo que otros ven
y ocultamos nuestra naturaleza con tramas complejas
y nomenclaturas confusas
para que nadie llegue a ningún lugar
porque detrás del papel impreso somos monstruos
puro instinto destellante
la furia ardorosa de la naturaleza y su equinoccio de posibilidades
la luminiscencia fulminante del sol

Desayunamos mirándonos a los ojos
y aunque el cabello le cubra la cara
su mirada revela una fisura en el mapa
de donde emana un resplandor que me ciega.