O cuando cuando bebimos los océanos que contenía la botella con esa furia de olas y rocas que golpeaban el equilibro y dejábamos caer nuestros cuerpos sobre la arena blanca que refulgía con destellos de rayos broncos en la playa de esos días y despertamos arrastrados por el oleaje a un desierto inclemente que sofocaba la garganta y nos rompía la cabeza en pedacitos que no se colapsaban y estábamos ahí dejando caer las cabezas sobre nuestros pechos turnándonos a ratos y oliendo la sal de nuestro sudor que no apagaba la sed y decías que no te acordabas de las olas porque te hipnotizaban y te mareabas y no sabíamos por qué teníamos esas manchas violáceas salpicando nuestros cueros y esas marcas de semicírculos que embonaban con la huella de nuestras dentaduras ni por qué la arena era roja y era de tela y nos envolvía a medias y dijiste entonces que estabas feliz aunque nos dolieran las piernas y las espaldas aunque tuvieras pellejos de mi lomo dentro de las uñas y yo sonreí con la boca agrietada de escamas áridas que se resquebrajaban más y me hacían sangrar. Y tú sonreíste también. Y sonreímos los dos bebiéndonos con los ojos el alma desnuda para apagar el infierno de la sed.
Roar your terrible roars and gnash your terrible teeth and roll your terrible eyes and show your terrible claws! And please don't go I'll eat you up, I love you so.
20130910
20130721
20130628
Veo la música en sus pestañas
La tomé prestada una de esas noches en que nos escapábamos del ojo
paterno. Habíamos bebido cebada espumosa y pretendíamos que era champán
porque jugábamos a la locura y a la irresponsabilidad. Éramos torpes
como manatís ebrios encallados en las rocas, pero lo hicimos con furia y
ternura felina. Al amanecer babeamos sobre las sábanas rojas al
interior de las penumbras y con la cabeza dándonos vueltas en el
carrusel de los flashbacks y de la migraña. El cabello alborotado y los
gestos descompuestos, y ahí estaba, con todo, más resplandeciente que
nunca, desnuda hasta del orgullo que no necesitaba portar conmigo. Mía.
Antes
del comienzo de la historia representábamos un argumento extraño y de
trama imaginaria. Íbamos al cine flotando juntos a toda velocidad sin
colisionar. Metidos en papeles ásperos, representábamos personajes que
no sabían actuar en nuestro escenario. Improvisábamos formas de cubrir
nuestros errores histriónicos con gags que nos sacaban del apuro y
mantenían en vilo la ilusión representativa. Nos gustaba simular que no
simulábamos. Y estábamos ahí frente a la pantalla metiéndonos palomitas a
la boca para mantenerla entretenida y alejadas de la tentación. No
había forma más sencilla de hacerlo sin que la obra fracasara.
Hay
cosas que no entiendo. ¿Por qué el sabor de la piel salada es tan dulce
como el rosa de los labios que dicen mi nombre? ¿Por qué los ojos cafés
son más abismales que el negro más profundo? ¿Por qué el calor de su
pecho me quema el estómago con placer hipocondriaco y luego provoca
escalofríos? Veo la música en sus pestañas que son ondulaciones sonoras
de caderas delicadas. Quiero decir de cadencias aromáticas que son
detonaciones y estrépitos de luces delineadas. En palabras más exactas
ímpetus lascivos que son el eco de los diminutos chasquidos que chispean
cuando se moja los labios en el ritual perpetuo del oleaje que me lleva
al trance y al deceso. ¿Por qué me mata y siento que vivo como nunca he
vivido? Hay cosas que no entiendo.
20130412
Tantas cosas que no necesito.
Al final nada es tan importante. El eterno fluir no se va a detener. La satisfacción nunca llegará, como tampoco se interrumpirá la impermanencia. No hay posibilidad de perfección. De noche pienso cosas como esas, porque de día estoy ciego por los resplandores de los rostros. Deletreo nombres en mi cabeza, hay uno muy recurrente. Pienso en la naturaleza humana, en su amarga inconsistencia, en las altas posibilidades del fracaso. Porque las rutas no son llanas, los pasos los damos sobre las espinas y no sobre los pétalos y los caminos se ramifican con las pisadas.
Nada perdura. Qué importa lo que pase. El curso de las cosas planea su ataque de sombras y estorbos. No se ocupa de los otros ni de nosotros. El viento avanza sin más. Nos quedamos tiesos. En algún punto las vértebras se dislocan y caemos. Lo que todos farfullan tirados boca arriba en los pasillos con el sudor de las pocilgas no importa una mierda. Importan las palabras flotantes y erráticas que se quedan descuidadas como pez globo a la deriva y que me pinchan. Pero nadie lo sabe porque guardo mis secretos en espirales al fondo de mi garganta cóncava. Entonces me recuesto sobre la hierba de los jardines ruidosos. Tiemblo. Miro hacia el futuro y sé lo que me espera. Lo que nos espera. Se me revela la imagen de la farsa.
Pero al final nada es tan importante. Al menos la imperfección no lo es. Pienso en todas las doctrinas que advierten sobre el deseo de perfección y me siento abatido, me siento reprendido. Porque por un momento creí poseerla. Pero nadie posee nada, somos poseídos por las circunstancias, por el contexto de cada palabra que nos rodea. ¿Podríamos ser el poema que nace en las entrañas de los murciélagos, atados a un contexto específico de sonoridad y semántica de lugares comunes? Hay que simular ceguera por la noche, porque durante el día es suficiente el resplandor de los rostros. Hay que fingir que no sabemos nada para que la farsa dure, para engañar a la impermanencia, para engañar a nuestras conciencias. ¿Qué más da si sabemos esto o aquello? ¿Qué más da que las máculas entinten los halos? ¿Qué más da aparentar invidencia y caminar a tientas sobre las espinas con la esperanza absurda de no punzarnos jamás, si al final lo único que importa es que nada importa y lo único permanente es la impermanencia? Al final sólo se puede mirar atrás. Y no es tan difícil cuando ya hemos mirado la carcajada de las ruinas sin sentir nostalgia. Si se ha hecho ya una vez puede hacerse sin miedo las veces que sean necesarias. En todo caso ¿qué más da, si a mí lo que me importa es jugar, la estrategia y las adivinanzas?
Nada perdura. Qué importa lo que pase. El curso de las cosas planea su ataque de sombras y estorbos. No se ocupa de los otros ni de nosotros. El viento avanza sin más. Nos quedamos tiesos. En algún punto las vértebras se dislocan y caemos. Lo que todos farfullan tirados boca arriba en los pasillos con el sudor de las pocilgas no importa una mierda. Importan las palabras flotantes y erráticas que se quedan descuidadas como pez globo a la deriva y que me pinchan. Pero nadie lo sabe porque guardo mis secretos en espirales al fondo de mi garganta cóncava. Entonces me recuesto sobre la hierba de los jardines ruidosos. Tiemblo. Miro hacia el futuro y sé lo que me espera. Lo que nos espera. Se me revela la imagen de la farsa.
Pero al final nada es tan importante. Al menos la imperfección no lo es. Pienso en todas las doctrinas que advierten sobre el deseo de perfección y me siento abatido, me siento reprendido. Porque por un momento creí poseerla. Pero nadie posee nada, somos poseídos por las circunstancias, por el contexto de cada palabra que nos rodea. ¿Podríamos ser el poema que nace en las entrañas de los murciélagos, atados a un contexto específico de sonoridad y semántica de lugares comunes? Hay que simular ceguera por la noche, porque durante el día es suficiente el resplandor de los rostros. Hay que fingir que no sabemos nada para que la farsa dure, para engañar a la impermanencia, para engañar a nuestras conciencias. ¿Qué más da si sabemos esto o aquello? ¿Qué más da que las máculas entinten los halos? ¿Qué más da aparentar invidencia y caminar a tientas sobre las espinas con la esperanza absurda de no punzarnos jamás, si al final lo único que importa es que nada importa y lo único permanente es la impermanencia? Al final sólo se puede mirar atrás. Y no es tan difícil cuando ya hemos mirado la carcajada de las ruinas sin sentir nostalgia. Si se ha hecho ya una vez puede hacerse sin miedo las veces que sean necesarias. En todo caso ¿qué más da, si a mí lo que me importa es jugar, la estrategia y las adivinanzas?
20130323
Mapas
Hay
un resplandor cuántico en los mapas
que
nos incita al braille
a la cartografía del cuerpo
Comemos
pan Wonder con mermelada otoñal
y
la miro parpadear
pestañas de hojas caídas
Los
caminos se dibujan porque la farsa es mejor que la verdad
porque la ilusión es más sublime
porque
el sexo es perfecto cuando lo imaginamos
y
no cuando ocurre en realidad
y es que el iris es más bello en otoño
cuando se rompe
contamos
los caminos y nos deleitamos plegándolos
unos sobre
otros
el
mundo es más divertido
si no es sencillo
y
está lleno de laberintos
tengo
que trazarlos también en el mapamundi
del
lunar en su
costado
un tatuaje carta geográfica
para
no perdernos
Porque
los barcos se guían por las estrellas.
Y
avanzan veloces
en
nodos de garganta
y
llanto
cuando
el mar quiere
lamer
la marca de mi saliva
sobre
sus aureolas refulgentes
dos astros polares
y
la sal nos pierde el juicio
Naufragamos sin cartas con qué navegar de vuelta
a
desayunar mirándonos a los ojos
la
piel humeante marcada con dientes
que
son señales secretas para entender el tesoro
Sugiere
que hablemos
de
Joy Division de William
Gibson del pasado que no
compartimos
el
laberinto sigue en mi cabeza
soy
un náufrago y no respondo
pienso
en una manera de salir:
Existe
google maps no sé por qué seguimos con
esto
con
esta farsa analógica del papel impreso
utilizo mi ordenador
sitúo
la vista satelital
y
clickeo hasta encontrar nuestra casa
me
acerco más en un zoom cenital a través del techo
ahí
está
desnuda sobre la cama con las cornisas de par en par
y
ahí estoy yo adhiriéndole un mapa de papel impreso
a
escala real de su cuerpo.
Hemos
seguido la trayectoria que dibuja el caos en su efervescencia eyaculatoria
colocando
tachuelas líquidas en los puntos clave
y
buscamos un sentido hipotético
un
patrón
que
explique por qué el zoom genital
distorsiona
la teoría cartográfica
que
habían descrito los libros y los filmes
de
amor
Miramos
películas de piratas
los
filibusteros aguardan detrás de las olas
quieren
mis trayectorias
y
eventualmente las poseerán
porque
la eternidad está reservada a personas más afortunadas que nosotros
somos
una obsolescencia programada
y
seguimos asistiendo a las rebajas de temporada
[la
cópula aún en su forma más sublime [amor] es una mercancía
y
como todas las mercancías tiene señalada su fecha de caducidad]
Los
mapas se hicieron para mercadear
reclamas
nuevas rutas
y
nunca escondí el tesoro
porque
los mapas son simulacros de lo que debería ser
como
nosotros somos simulacros de lo que otros ven
y
ocultamos nuestra naturaleza con tramas complejas
y
nomenclaturas confusas
para
que nadie llegue a ningún lugar
porque
detrás del papel impreso somos monstruos
puro
instinto destellante
la
furia ardorosa de la naturaleza y su equinoccio de posibilidades
la
luminiscencia fulminante del sol
Desayunamos
mirándonos a los ojos
y
aunque el cabello le cubra la cara
su
mirada revela una fisura en el mapa
de
donde emana un resplandor que me ciega.
20130320
Exhibición de atrocidades
Iggy
Pop
¿Por
qué te colgaste, Ian Curtis, esa noche?
¿Por
qué, aislado, oscilabas al compás de una batería arrítmica?
Esta
noche es ya casi mañana y pienso en ti y pienso en todo lo que se cuelga
el
sol por ejemplo con su radiación bastarda se pierde en el horizonte
o
aparece
quizá
pero
su láser ultravioleta no es tan malo cuando entona canciones de desamparo
¿Por
qué te colgaste esa noche Ian Curtis?
eres
tan triste como la mirada de Kurt Cobain
que
es tan triste como las imágenes de Ballard
que
son tan tristes como las notas de de piano
en el Gymnopédie n°1 de Erik Satie
que
son…
Guardo
en mi ordenador una fotografía
tuya
miles de pixeles
pero
tú eras análogo, como son las cosas
antes de ser recuerdos
una espiral en el vinyl
Hypnotic trance, we never saw
una espiral como teorizan que es el tiempo
pienso en tu sombra sobre el piso
y
teorizo sobre la gravedad suspendida
de
las aves que podían verse desde la ventana
persiguiendo
el horizonte
de
un sol que se cuelga
y
se pierde en la arena blanca del desierto
Wilderness pienso
What did you see there?
Nuestro
mundo destruido
La
caducidad programada la obsolescencia de la
memoria
Y
pienso que cuando todo parece ir bien es cuando todo va peor
Así
son las cosas.
Tú
lo sabías.
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